No es el Bernabéu un estadio dado a aguantar hasta el final de los partidos, suele desinflarse antes para evitar el atasco. Ayer no. Se quedó para ovacionar a su equipo. Tal fue el nivel del campeón, brillante y sobrado de fútbol. Brillaron sus medios, pero también sus defensas y al final sus delanteros. Hasta Keylor, titular por sorpresa, obtuvo buena nota. Mereció una goleada mucho más amplia, pero faltó algo de puntería.
Como un año antes, la Roma pudo encajar una goleada escandalosa en el arranque de la Champions, pero lo evitó su portero. Entonces Alisson, ayer Olsen, milagroso en una colección de paradas de mucho mérito.
Es difícil acumular más opciones de gol para irse a la pausa en ventaja. Clara, además. El campeón arrancó con su once más clásico, con la sorpresa de Keylor bajo los palos. Sorpresa porque asentado Courtois durante dos partidos consecutivos en Liga se le suponía el tercero en Champions para establecer jerarquías. Lopetegui parece tener otros planes, y lo cierto es que no resultó muy relevante para el partido porque la Roma apenas se asomó al portal blanco.
Con paciencia y con variedad, el Madrid acumuló una docena de oportunidades claras, netas, desde el minuto 4 con un mano a mano de Bale hasta el extraordinario tanto de Isco. Durante media hora larga fue un martillo constante, robando arriba y llegando con claridad, con finura en los pases largos (Kross), medios (Modric) y cortos (Isco). Pero, como en Bilbao, la claridad general se acababa en el área. Con Bale más abierto, la salida natural del caudal de juego era Benzema, pero ha extraviado el último toque. Todos los previos los domina, pero el remate...
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